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Arranques #1: ver algo ya, ¿qué, cómo, cuándo, dónde y por qué?

Estos textos fueron parte de la edición #38 del newsletter.


Señora de nadie (María Luisa Bemberg, 1982)

Tenía pendiente revisar las películas de María Luisa Bemberg desde la retrospectiva que se le hizo en el Festival de MDQ del año pasado, donde también se publicó el libro El asombro y la audacia. El cine de María Luisa Bemberg (se puede leer aquí). El libro incluye textos de directoras como Lucrecia Martel o Lita Stantic, que hablan desde la admiración y la cercanía, y también hay enfoques académicos que estudian la militancia de la directora en el feminismo o la construcción de sus personajes a través del sonido y la voz. Entre la filmografía de Bemberg, Señora de nadie (1982) me llamó bastante la atención por la cercanía que encuentro con una película mexicana: Danzón (1991), de María Novaro. En ambas, las protagonistas parecen estar en la búsqueda de una resolución amorosa: en Danzón, Julia (María Rojo) viaja de la Ciudad de México a Veracruz siguiendo las pistas de un hombre que jamás aparece en escena. Esa búsqueda fallida la conduce a construir una amistad con las mujeres del puerto. Algo similar le ocurre a Leonor (Luisina Brando), quien, después de ver que su marido mantiene una relación con otra mujer, deja su hogar para vivir con una amiga y un amigo —homosexual, como el de Danzón—; las disidencias están presentes desde el cariño, como si se resistiera desde la ternura. Como en Momentos (1981), es interesante pensar en los elementos velados para el contexto —la dictadura militar—: Leonor se rebela ante el deber ser del matrimonio y se nombra a sí misma “señora de nadie”. Una revolución también se confecciona en el espacio privado. Karina Solórzano 

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en Vimeo.

Un texto para acompañar: El asombro y la audacia. El cine de María Luisa Bemberg.

Señora de nadie (María Luisa Bemberg, 1982)

Amateur (Nestor Frenkel, 2011)

Quienes registran momentos familiares para rescatarlos de esa densa bruma llamada memoria deben, inevitablemente, distanciarse de la escena. Se ven obligados a sacrificar una participación activa en el presente en pos de la responsabilidad que conlleva generar el recuerdo material del pasado. Estos héroes viven en el fuera de campo, sugeridos por la mirada que sus queridos familiares le dedican en plano. A ellos podría decirse que está dedicada gran parte de Amateur (2011). A ellos en general y a Jorge Mario en particular, héroe que la película justamente destaca. En la obra de Jorge Mario (en las remakes sin fin de Winchester Martin, pero también en su intento por sacar del olvido a Way of a Gaucho) puede apreciarse esa distancia, ese sacrificio que conlleva registrar. Sacrificio lúdico, ya que consistió en hacer westerns. Y heroísmo sin anonimato, porque podemos apreciarlo gracias a este documental. Ramiro Perez Ríos

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en YouTube.

Un texto para acompañar: este texto de Red Dental y esta entrevista en Página 12.

El futuro perfecto (Nele Wohlatz, 2018)

Xiaobin recorta lo que percibe porque percibe recortado. El habla le cae en fragmentos desde el lóbulo frontal izquierdo hasta la boca, y de ahí a la otredad manifiesta de sus interlocutores. En El futuro perfecto, Nele Wohlatz teje un sistema de correspondencias entre el tono, de cuerpos desnaturalizados y puestas en donde predomina la cámara fija en planos abiertos, y la situación de una adolescente china, de diecisiete años, que viene a vivir a Argentina sin conocimiento del idioma. Hay que aprender, entonces, a hablar español desde el supermercado. Hay que relacionarse con Vijay, un chico de la India, a través de palabras escuetas, robadas de la calle, de un cliente, de un aula a la que se asiste en secreto.
A medida que la película avanza, algunos aspectos del cosmopolitismo porteño empiezan a resultar frustrantes y contradictorios. En la primera cita entre Xiaobin y Vijay, la conversación termina por reducirse a un intercambio de preguntas de manual para extranjeros: “¿Usted dónde vive?” “¿Dónde está tu padre?” “¿Y de qué trabaja?”. Otra clase de preguntas persiste en lo latente, ¿cómo hace un cuerpo para apropiarse de esa sintaxis que le impone el capital como método de subsistencia en territorio ajeno?
Tal vez, ensayando otras estrategias de la interlocución. Un juego de imaginar futuros en perfecto continuo, un ejercicio actoral que se lleva a cabo en la costanera. Bostezo sin abrir la boca, pienso algo triste, miro un punto fijo: aprender un idioma también puede ser aprender a llorar en castellano.
Hay un sonido que se cuela cada tanto en la extradiégesis, como de cortocircuito, como de proceso neuronal intenso. Xiaobin arma una trampa de animales en el bosque, y espera. Interferencia radial, sistema nervioso. Un gato cae en la trampa. Es el mismo gato que aparece en las escenificaciones de futuros imaginarios. Es, por eso mismo, un primer momento de control para la adolescente. Quizás, una captura vuelta hallazgo; un recorte al fin deliberado, único, del mundo. Milagros Porta

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en CineAr Play.

Un texto para acompañar: Narrar el movimiento. Álvaro Bretal en Pulsión #11.

El futuro perfecto (Nele Wohlatz, 2018)

Hacerme feriante (Julián D’Angiolillo, 2010)

Se podría esbozar una posible Historia del siglo XX de la Argentina a partir de la representación de los trenes en su cine. Desde la irrupción seminal del documental de autor con Birri y su Tire Die’ (1960), pasando por Pino Solanas, e incluso el joven que intenta superar una locomotora a galope limpio en Un lugar en el mundo (1992) de Aristarain. Todos estos ejemplos tienen en común tanto la fuerza visual y narrativa de sus imágenes, como también la capacidad de dar cuenta del contexto social y político del país que hizo posible esas imágenes. En el cine, el tren parece ser el medio de transporte que mejor vehiculiza cierta forma de la Verdad. Basta ver los planos de los vagones atravesando la feria de La Salada en Hacerme feriante (Julián D’Angiolillo, 2010) para confirmar que esta no sería la excepción.
La película hace un registro de esa gran feria mayorista, que es al mismo tiempo emblema de la economía informal y fuente de trabajo para miles de argentinos. Como todo emblema, La Salada presenta el problema de cargar con tópicos cristalizados y prejuicios que buscan reducir su complejidad a una definición simple y siempre injusta. Filmarla implica el dilema de doblegarse (consciente o inconscientemente) a estos discursos cerrados y explotarlos, o bien, emprender la meticulosa tarea de desmantelarlos.
D’Angiolillo logra acercarse a este fenómeno social con lucidez, es decir, sin pretensiones de agotarlo o servirse de él para ilustrar una idea previa. Deja de lado los maniqueísmos, y evita el camino fácil de restringirse a la anécdota intimista de un puestero individual. La Salada es producto de la organización colectiva, y por entenderla como tal, el documental no tiene otro protagonista que ese gran colectivo y sus dinámicas. Las asambleas, las reuniones con funcionarios municipales, la agitación de sus noches de venta, sus fiestas. Todos estos elementos componen un retrato de algo que, paradójicamente, parece exceder a la feria.
A veces sólo el paso del tiempo permite entender la verdadera dimensión de las obras. En este caso —una década después—, tal vez ya no resulte temerario afirmar que La salada fue para D’Angiolillo un fin en sí mismo, como también el medio que le permitió filmar, quizás sin saberlo del todo, algo mucho más difuso aún, que se podría resumir como aquello que Argentina era, o podía ser, durante el kirchnerismo, y ya no es. Cristian Ulloa

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en el Canal de YouTube de la Universidad Nacional de General Sarmiento, con una breve entrevista al director a modo de introducción.

Un texto para acompañar: Marcos Vieytes en Hacerse la crítica.

El limonero real (Gustavo Fontán, 2017)

Es muy probable que Fontán sea nuestro mejor cineasta-poeta. La palabra, con su sonoridad, su cadencia, su espesura, su ritmo y los tiempos que crea en combinación con otras, es el arma del poeta; las armas del cineasta-poeta son otras, pero con atributos muy similares. Fontán adapta aquí la célebre novela homónima de Juan José Saer (un novelista-poeta cuya prosa me hace pensarlo también como músico) y juega, aunque con la seriedad de alguien que sabe lo que tiene entre sus manos, a construir audiovisualmente un universo sensorial. El argumento de El limonero real es ínfimo: una fiesta de año nuevo a la vera de un río, un padre atravesando el duelo de su hijo y una madre que se niega a celebrar. Todo lo que le acontece a los personajes se ve entretejido en una trama perceptiva que llama al espectador a entregarse a la experiencia, al visionado, a la escucha y porqué no al tacto (ciertamente hay películas táctiles, y esta es una de ellas). El limonero real es una película de chispazos y fulgores, momentos donde la búsqueda saeriana de una naturaleza física, química, biológica y cósmica (palabras que usa el protagonista de La pesquisa en un momento de clarividencia) se materializa en pantalla. Una pequeña escena, promediando la película, es ejemplo de esto: tras una siesta y un baño en el río, Wenceslao comienza a preparar el fuego para asar la cena y todo, segura y ligeramente, comienza a enrarecerse a su alrededor; no es que sucedan cosas fantásticas que alteren al personaje, sino que algunos objetos y movimientos que deberían emanar sonidos no lo hacen, mientras aparecen o se resaltan otros en su lugar, y a su vez, las imágenes comienzan a errar y a perder poco a poco la focalización que venían construyendo; el punto de vista se convierte en uno ensoñado, observador, músical y tiernamente explorador. El cine de Fontán me deja una huella similar a aquellos sueños extraños, agradables y volubles que proyectan su sombra durante todo el día, y que inducen a uno a una mañana, digamos, contemplativa. Tomás Guarnaccia

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en CineAr Play

Un texto para acompañar: Marcela Gamberini en Con los ojos abiertos.

El limonero real (Gustavo Fontán, 2017)

Fragmentos desde el exilio (Pablo Martín Weber, 2018)

Como todo profesional de la procrastinación, elijo YouTube como una de mis mejores herramientas de deriva frente a las responsabilidades (hace poco, Lucrecia Martel admitió también su adicción a YT, un dato que me hace sentir un poco menos culpable de la mía). Atravesando las profundidades de la interfaz, revolviendo entre video y video, vine añejo tras vine, meme tras meme, y yendo un poco más allá de lo que un ya (imagino) mareado algoritmo puede sugerir, se encuentra uno siempre con algo más: imágenes inconexas, videos científicos sin un sentido claro, músicas afrodisíacas, personas registrándose y compartiéndose en su nada cotidiana, restos de campañas publicitarias de poca monta, una memoria audiovisual de nuestra contemporaneidad destinada al olvido. De los bordes de ese mapa audiovisual de un tiempo histórico dominado por una lógica digital es de donde extrae su materia prima Pablo Weber. Los fragmentos del título de este cortometraje son los restos de las emisiones que una ¿persona? ¿mujer? ¿espía? emite al espacio y que son recopilados por un alienígena. Los informes son el registro de la Córdoba de noviembre de 2015, durante los albores del macrismo en el poder; son la radiografía incisiva de un estado de las cosas social, y, a la vez, una interrogación sobre la memoria digital. Pero lo más importante, aquello que parece desvelar tanto a Weber como a la voz femenina que acompaña a las emisiones, es la búsqueda de el secreto: ¿Qué o cuál es el secreto? El corto sugiere varias respuestas, todas tan reconocibles como esquivas: son los gestos de amor, emoción, religiosidad y otras cosas que no tienen nombre. Pero quizás el secreto no sean los gestos en sí, sino el lugar y la potencia que estos cobran cuando la noche se extiende a su alrededor. Tomás Guarnaccia     

¿Dónde se ve? ¡Acá! Gratis en Vimeo.

Un texto para acompañar: Oscar Cuervo en La otra.

Boda Secreta (Alejandro Agresti, 1988), El acto en cuestión (Alejandro Agresti, 1993)

La filmografía de Agresti es bastante ecléctica, pero eso será tema de otro correo. En este caso, recomendamos tres películas que están disponibles y que, más allá de una de ellas, no son tan revisitadas como otras que se filmaron años después en el país. Hay que aclarar que Agresti, en sus primeros años de cineasta, tiene tres grandes etapas en dos países distintos. De las películas hechas en Argentina recomendamos Boda Secreta (1988), un relato fantástico sobre un gremialista que desaparece en 1976 y aparece, de repente, en 1988. De la etapa holandesa no podemos hablar mucho porque son inconseguibles, pero sí se puede escribir largo y tendido sobre la holandesa-argentina El acto en cuestión (1993), una película de la que seguramente hayan escuchado hablar. Este mítico film de Agresti, que tanto tiempo tardó en estrenarse en el país, es fundamental para conocer sus obsesiones y su talento a la hora de ponerlas en tensión con su cine. Una obra maestra, su obra maestra. Después de El acto en cuestión «volvió» al país de antaño para hacer Buenos Aires viceversa (1996), una serie de historias donde hay hambre de ciudad, esa que tanto, se ve, extrañaba. Agresti es, a fin de cuentas, uno de esos casos raros que aparecieron después de la dictadura militar y antes del llamado Nuevo Cine Argentino, del cual terminó siendo un nombre (¿padre/tío/hermano mayor?) muy importante. Agresti se comparó con esos cineastas que iban apareciendo: «los jóvenes están haciendo cosas mucho más interesantes. El problema que tienen es el mismo que tuve yo: que se los oculta como raros o experimentalistas (…) Hay una gran brecha generacional y un cierto filicidio». Muy claro. Marcado por la literatura (ahora se dedica a la escritura y hasta sacó un libro esta semana), la tradición fantástica, y sin miedo a la alegoría ni a dejarse llevar por los fantasmas de sus relatos, estas películas de Agresti son páginas a agregar en la historia que va armando cada uno de nuestro cine. Ale Tevez

¿Dónde se ven? Boda Secreta (Youtube) y El Acto en Cuestión (Youtube o Qubit). Ah, agregamos el corte de director de No somos Animales, la película que hizo con Pacino y un Cusack corriendo por las calles de Mar de Ajó (contraseña: Animales) 

Un texto para acompañar: El caso agresti. Lautaro García Candela en La Vida Útil.


© LAS VEREDAS | 2021

[Permitida su reproducción citando la fuente]

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